
Una noche de 'esas' se acerca estrepitosamente estampándose en mi cabeza.
Recuerdos, sentimientos, momentos...voy saltando de una etapa a otra de mi vida como si de una carrera de obstáculos se tratase, solo que me voy tropezando en cada uno de ellos.
Nunca me quedaré en el suelo esperando a que alguien me levante, pues ya no espero nada de nadie.
Desvaríos y más recuerdos siguen pasando por delante de mi y hasta parece que pueda acariciarlos por un instante genial que no quiero que acabe pero...pasan aun más rápido que la vida misma.
Ya he perdido todos mis sentidos; pues la vista no me alcanza para ver a mi semejante. Con el oído no puedo escuchar otra cosa que malas noticias. Con el gusto no soy capaz de saborear las cosas buenas. Con el olfato no me es suficiente para rastrear a nadie, y con el tacto no logro sentir al tocar esos bonitos recuerdos que tan fugaces pasan por delante de mi escapándose en el tiempo una vez más...hasta la próxima.
Como estrellas fugaces veo pasar la gente por mi vida, algunas con más luz que otras, pero al fin y al cabo todas terminan por desaparecer y seguir su curso.
Como un observador de personas que no puedo apartar la mirada cuando veo cosas que no me gustan...quedándose grabadas como cicatrices.
Me siento tan extraño... como si fuera en plena calle andando hacia detrás mientras una marea inmensa de gente camina descontrolada, con prisas y agovios, empujones y hasta insultos recíprocos, hacia mi.
Huir no es una solución factible, siempre hay que luchar de una manera u otra, aunque a veces el mejor ataque es una buena defensa, o eso dicen. Mi ataque es la paciencia, mi defensa mi mente.
¿Mi mayor miedo? El futuro. Ese que ya empieza a ser presente y te enseña los dientes.
¿Que debo hacer? Coger un par de alas para poder volar directo a la felicidad.
Me siento vacío, y como si no me fuera suficiente, me empapo aun más de un vacío demasiado visceral a cada día que ven mis ojos fluir como el agua por un desagüe.
Lo único que me cura son unas lágrimas que queman como el ácido.