lunes 10 de mayo de 2010


En una antigua azotea de una nube barcelonesa,
rodeado de una oscuridad irrumpida por una tenue luna.
Acompañado de paz y tranquilidad, y de ropa tendida que cobra vida.
Las caprichosas formas de la pintura desconchada se asemejan a rostros con sonrisas rotas, formas aleatorias semejantes a labios, ojos, que parecen observar atentos y en silencio, en paz y armonía.
Una noche detrás de otra, placer en ocasiones arrastrado hacia una rutina forzada que noche tras noche se repite...
Los mismos invitados se reunirán mañana en una idéntica velada,
observando y escuchando las tenues señales de vida que arrojan las calles vacías.